Sábado de Mujer y Madre

paper-3139127_640Sábado por la mañana. Es el día en que las familias cuquis hacen planes como ir al centro comercial y comer allí, o se van a alguna actividad familiar de algún evento, o van todos juntos en  armonía, vestidos de Tommy, a comer a casa de los abuelos. Buffff. A veces lo pienso y se me ponen los pelos de punta. No sé si lo estoy haciendo yo mal… en mi casa, los sábados son:

  • papá ronca en la cama,
  • el destroyer de tres años monta el chiquipark en el cuarto de estar entre gritos y pataletas,
  • y mami, o sea, yo… sobrevive.  Intenta limpiar algo (negativo), planchar algo (más negativo todavía), hasta que cae vencida por el enemigo.

No hay abuelos, ni tíos, ni nadie con quien ir a comer, el plan del centro comercial es impensable… nos echarían. Hoy, que parece que el destroyer esta pelín más calmado (mentira: está abducido por la tablet), me voy a la redacción buscando un poco de paz.

Normalmente los sábados aquí no hay ni las pelusas, pero veo luz en el despacho de Sarandonga… qué raro. Me acerco con cuidado. El despacho de mi jefa puede ser cualquier cosa menos un remanso de paz. Y depende de la mirada que tenga, lo mismo salgo huyendo. Entro silenciosamente.

– Hola, Sarandonga- digo sonriendo. (Maaaadre míaaaa, Sarandonga sin maquillar… algo está pasando en Dinamarca…, vamos, en el mundo blogueril.)

– Hola, Han. ¿Cómo tú por aquí en sábado?- me lo dice calmada, casi sin expresión. Intenta sonreir. Pero no le sale. Malo. Malo, malo, malo. Muy malo.

– Yo vengo mucho por aquí los sábados, la que no sueles estar eres tú. Bueno, ni tú ni nadie… ¿¿¿qué ha pasado???

– Nada… – dice mirando hacia la pared, con las gafas a media nariz, como si no hablara conmigo – Nada, ¿que va a pasar?

– ¿Qué tal los peques?

– Ufff, la peque con tantos mocos que podríamos hacer pegamento, están imposibles los dos, qué nochecita, de verdad Han, qué horror. Y esta mañana, encima, no paraban de pelearse y, bueno, tenía que hacer muchas cosas aquí, y…

– Ya. – le miro a los ojos por encima de sus gafas, y yo, la verdad, que porque es Sarandonga, pero juraría que está a punto de llorar.  ¡¡¡¡Mayday, mayday, mayday!!!

– Sí, – dice mirando a la mesa- tengo que preparar la entrevista…- no le dejo acabar.

– ¡Ya! Y un cuerno. Tú hoy no tienes nada que preparar, bonita mía. Lo que pasa es que no podías más y has huido. Has huido, sí. De tu casa, y de tus hijos, sí, de tus hijos.

Y así, sin más, sin avisar, sin decirme con antelación que me prepare… se echa a llorar. Estoy por llamar a los GEO`s.

– ¡Qué horror!- me dice entre una llantina incontenible, (y juraría que está con hipo) – me he ido de casa porque no les aguanto, ¿¿¿cómo se puede ser tan mala madre???, yo quería ser una madre cariñosa, llenar la educación de mis hijos de objetivos y acompañarles en su desarrollo, y aquí estoy, saliendo de casa como alma que lleva el diablo.

Yo me siento en la silla frente a su mesa… me río abiertamente. Hombre, si es humana y todo.

– ¿De qué te ries, idiota? – me mira con determinación. Casi se le caen las gafas, con tanta lágrima se le resbalan. Y eso me hace reir más todavía.

– Anda, toma, – le paso un pañuelo – que de qué me río, dice. Pues hija, de que lo que te pasa no es que seas mala madre, boba. Lo que te pasa nos pasa a todas de vez en cuando. Es más, en mi casa, casi todos los días. Yo, para que te enteres, vengo a trabajar para descansar de mis hijos – (y de mi marido, pienso para mi, pero eso no lo digo.) – Sarandonga, que eso no es ser mala madre, hija, que estamos todas igual.

– Qué dices, no tienes ni idea – se seca las lágrimas con el pañuelo, las gafas ya descansan seguras en la mesa – ¿cómo les va a pasar esto a todas?; imagínate: Verdeliss. Es impensable que ella haga algo así.

– Que nooooo. Que eso es mentira, mujer. Que es MEN-TI-RA. Que estamos todas locas de atar. Que tendrían que inventar una nueva especialidad psiquiátrica solo para nosotras. Fíjate más en ¿Y de verdad tienes tres?, Reiniciacc o Cachito a Cachito.  Son normales, mujer. Hombre, no van a contar las miserias de los findes en el blog, pero no van contando mundos imaginarios. Sarandonga, que Los Mundos de Yupi no existen.

– ¿Me lo dices en serio? Porque yo me siento fatal haciendo esto.

– Claro, porque tenemos una sociedad entera diciéndonos cómo tenemos que ser. Porque todavía, en nuestro inconsciente, funcionamos con los modelos de nuestras abuelas, que no trabajaban fuera de casa y que todo lo resolvían con dos bofetadas. Pero nuestra vida ha cambiado, lo que no ha cambiado es nuestra cabeza. Nos creemos muy modernas, con mucha Thermomix y mucho Roomba, pero ¿porqué tenemos esos cachivaches? ¡Pues porque creemos que tenemos que seguir siendo como nuestras abuelas, que lo hacían todo! Queremos ser como ellas, hacerlo todo en casa, ocuparnos integralmente de nuestros hijos, y ser las mejores en nuestro trabajo. Pero la verdad, la realidad es que no nos da tiempo. Y a la que le da, es a costa de su salud mental. Y de comprar robots y contratar canguros y servicio, y para eso hace falta pasta. Así que la que no tiene pasta…

Me mira estupefacta.

– ¿Qué te pasa a ti hoy?

– Pues hija, que estoy harta de que tengamos que seguir modelos, estereotipos, que encima están caducados. Que cada una es como es. Mira, hoy, para que veas, mi hijo ¿sabes que ha desayunado?

– Leche, supongo…

– ¡¡¡Pizza!!!

– ¿¿¿¿Quéeee???? Pero Han, que eso no es sano, que los triglicéridos… – no la dejo acabar.

– ¿Lo ves?, si eso ya lo sé, Sarandonga. No es sano para su cuerpo, si lo hiciera todos los días, pero es sano para mi aguante como madre, sabiendo que sobró pizza de ayer, dile que no hoy… ¿me entiendes?

– Sí. Lo entiendo. – de repente, baja la voz y me acerca su cara mojada- pero no lo digas en el blog, ¿eh?

Miro al techo.

–  Yaaaa, Sarandonga, yaaaa, ¿pero ves como la realidad no es perfecta?

– Sí, tienes razón, – dice sorbiendo los mocos y secándose la cara. De repente, se le transforma la cara. – Por cierto, ¿qué haces aquí? ¿vas a preparar algo?

Ya ha vuelto. Esta chica es, por lo menos, cuatripolar. Me levanto de la silla y empiezo a salir del despacho en dirección a mi mesa.

– No. Cualquier otro día te diría que si, y te contaría alguna de las mías. Pero hoy no. Hoy te voy a decir la verdad. Vengo huyendo de mi destroyer, que se ha quedado con su padre, y voy a navegar por internet buscando historias. Pero creo que la próxima historia ya la tengo, la verdad.

Me dice en voz alta para asegurarse de que le oigo:

– ¡Ni se te ocurra poner mi nombreeeee!

 

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9 comentarios sobre “Sábado de Mujer y Madre

  1. Uy! Las veces que me he escapado yo de casa con la excusa de ir al súper… o recorrerme 70 km para ir a casa de los abuelos y así poder disfrutar de una ratín de paz. 70km a cambio de 30min de paz? A veces compensa. Así que si os sirve de consuelo, no, los mundos de Yupi no existen. Mis fines de semana tampoco son de ponerse las mejores galas e ir a comer fuera. De hecho escribo esto aún con el pijama puesto, la olla al fuego y el baño a medio limpiar… el peque ha tomado los dominios de su habitación, habitación que hacía una hora era un remanso de orden y paz. Maridín ha escapado con la excusa de comprar pan y ya no se si ha ido a por par o por tabaco. Espero que regrese. Así que abracemos el caos, dejémonos de maternidades perfectas y digamos adiós a la culpa por querer escapar de vez en cuando. (Aunque sea de nuestros hijos) 😘

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  2. Me encanta! Maternidades reales. Con su bueno y su malo. Yo aún no puedo escapar de casa a trabajar, pero confieso que algún finde de poco trabajo, he fingido tener más curro para estar al otro lado de la puerta un ratito más.

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  3. Yo no me puedo escapar, que no es legal dejar niños solos, son muy peques 😂 pero ponerles alguna peli para que me den 10-15 minutos de silencio, sí. Es eso o salir corriendo… Y los fines de semana no hay plan de paseo porque su padre también trabaja, aquí somos currantes de lunes a domingo, y para pasearme sola con los peques, mejor entre semana, que hay menos gente 😁

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