De cuando el apaño económico se convirtió en lujo

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Nuevo catálogo 2017

Estamos estrenando otoño de 2017. El frío se asoma por las calles, las hojas comienzan a sufrir el tembleque de “fin de temporada”, El Corte Inglés está a punto de sacar su anuncio de ropa de invierno, y octubre comienza esta semana.

Por ende, otro acontecimiento, bastante novedoso en nuestra sociedad, pero no por ello menos importante, ha ido llegando a nuestros hogares: El catálogo de Ikea en nuestro buzón.

Llevaba varios días viendo stories de Instagram con el catálogo recién salido del horno, y chica, me apetecía. Así que, un día inesperado, vi los buzones de mi portal lleno de catálogos. No pude contener la emoción inicial de mi cerebro límbico, aunque gracias al neocórtex me llevé a casa sólo el que correspondía a mi buzón.

Hasta aquí todo bien. Todo maravilloso.

Abro el catálogo. Me pongo a verlo y se me hace algo caro. Sigo viendo y noto cómo van pasando al olvido los precios de antaño, ya que “no recordaba que esta silla fuera tan cara, pero acepto el nuevo precio”. Quedo con una amiga en su casa. Me comenta que quiere amueblar la habitación de su hijo, y saca el famoso catálogo. Me dice “es que creo que es un poco caro para lo que en realidad es”, y ahí me hago consciente de todo lo que mi subconsciente estaba intentado contarme a gritos: ¡QUÉ CARO! y es que dos muebles de almacenamiento costaban la friolera de ¡254€!

¿En qué momento llegamos a esto? ¿en qué momento un conglomerado bonito llegó a duplicar o más sus precios? NO ha mejorado la calidad. NO era un mueble de lujo ni tenía atributos que pudieran encarecerlo. ¡Eran un par de cajoneras de cuatro tablas con cajones! (aprovechando la redundancia, diría una palabrota, pero mejor se la dejo a la mente del lector). Me volví a casa indignada con el tema.

Recuerdo, hace ya 10 años, que yo andaba felizmente por la universidad buscando pisos de estudiantes, visitando los pisos de mis amistades, etc. Recuerdo que aquellos pisos que estaban decorados con muebles de Ikea eran los pisos que no le importaban un carajo a sus propietarios, y ponían una mesa de Ikea cualquiera por decir que el piso tenía mesa. Aquellos muebles tan sencillos me rechinaban un poco a la vista precisamente por eso, por su sencillez (lo cual se traducía en económico en mi mente). Aprendimos a hacer de aquellos muebles algo bonito: decorábamos las habitaciones de un nuevo estilo llamado “nórdico”, que era una especie de fusión de lo chic con lo industrial muy mono que se llevaba en los países de por allí arriba. Resultaba coqueto y encantador. Era perfecto: baratísimo y monísimo. Desde entonces, he pasado por una amnesia, porque no entiendo el soponcio que me ha dado con este catálogo. Comencemos:

Página 21: VALLENTUNA Sofá cama de dos plazas (sin reposabrazos) 790€. Todo un chollo por una cama de 80cm en el salón.

Página 37: FLISAT Mesa para niños 49,99€. Muy cuqui, y con seguro de vida, supongo, ya que es un mueble de madera de pino destinado al uso y disfrute de niños. NIÑOS.

Páginas 40-41: KVISTBRO Mesa de almacenaje 49,99€. Te ahorras los tornillos, dices que es de almacenaje, y le duplicas el precio. Me parece preciosa, y una ideaza para almacenar cosas, pero…PERO. En esa misma página, venden como novedad un puf a 69€. Madre mía, qué caro está el relleno.

Voy pasando páginas, viendo cómo los salones van convirtiéndose en una especie de espacio de almacenamiento de un taller…digamos artístico, para hacerlo hipster (página 43), reconozco que voy viendo precios como los de antaño, y recupero la esperanza. Paso por fases de altibajos emocionales. Llego a los armarios… sin palabras.

Cierro el catálogo y me queda clara una cosa: antaño Ikea era la opción por excelencia a la hora de comprar para mi hogar, pero a día de hoy lo observo como una opción de tantas, que va perdiendo peso a medida que pienso en que me va a tocar montar el mueble, que me va a tocar transportarlo, y que la calidad de sus materiales suele estar por debajo del resto de opciones.

Con mucha tristeza escribo estas líneas, porque si algo me fascinaba del mundo de la decoración, eso era Ikea.

Lo que sí está claro es que me estoy haciendo mayor, porque recurro demasiado al “qué caras están las cosas ahora. Cuando yo era pequeña iba al cine por 3€”. Señora fetén, me llaman.

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6 comentarios sobre “De cuando el apaño económico se convirtió en lujo

  1. Estoy contigo. La semana pasada fuimos a Ikea a tomar café y a que el enano se desfogara gateando por la zona infantil, cosa que sigue siendo una maravilla, todo hay que decirlo. Decidimos recorrer la tienda para cotillear las novedades y el comentario que más hicimos fue: “Esto es carillo eh”. Es cierto que cuando Ikea llegó fue una revolución, tanto en formato como en precio, porque estábamos acostumbrados a las tiendas de muebles de toda la vida, con las mesas y vitrinas de madera noble y los sofás de relleno de pluma pero ahora “se han subido un poquito a la parra”.

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    1. Hay algunas cosas que al ver el precio piensas: “más le vale ser de madera noble siendo tan caro” y luego te encuentras o un conglomerado, o madera de pino. Pues para eso me voy a una tienda de las de toda la vida y pago lo mismo por una mesa de mayor calidad.

      😘😘😘

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